
El cuerpo me traiciona. Me dice que sí, que no, que sí. Ahora tiembla. Ahora vuelve a arder. Apenas puedo abrir los ojos, los cierro. Caigo por un tobogán en espiral que me hace girar y girar. De pronto me lanza a un vacío de cielo despejado y necesito una nube. Una nube que me sirva de colchón. La imagino y aparece blanquísima, hecha del mejor algodón. Sobre ella me duermo con el cuerpo debilitado y la cabeza embotada. Anhelo una tregua. Si baja la fiebre, volveré a la tierra.

Escribe un comentario
Los comentarios están cerrados