Audrey Kawasaki

Dos abismos se interrogaron. Adentro llovía, afuera el sol brillaba como si nunca pasara nada, como si la vida no nos zarandeara a su antojo llevándonos de acá para allá, haciéndonos sentir siempre un poco más. Cesó la lluvia. La luz del sol iluminó el interior de los dos pequeños, inquietos abismos. Revuelo breve. Risas cromáticas. De las oscuras entrañas brotó el arco iris.