Pedro Pablo Oliva

Descalza, de pie sobre el mundo, le pregunto: ¿Adónde vas? ¿Adónde iré? Cuento uno, dos, tres. Cuento hasta cien al derecho y al revés. Pasa el tiempo y a ratos estoy tranquila. La madrugada me observa con ojos de perro. Yo le confirmo que seguimos siendo amigas. Voy a silbar. Silbaré todas las nubes. Silbaré todas las horas.