Mi amigo el roble bebé sigue creciendo en la maceta. Tal vez algún día se convierta en un abuelo majestuoso, hoy es una plantita sencilla y constante, que dedica todo su tiempo a la mágica tarea de existir. Ya nunca hace frío por las noches y las mañanas son luminosas incluso antes de que salga el sol. Sueño con colores y despierto para pintarlos. Mi cuerpo de bambú se dobla sobre la tierra para olerla y reverenciar su silenciosa sabiduría. Ahora que sonrío, ya nunca hago bien las cosas, ni las hago mal, me paso el tiempo existiendo...